¿Por fin hay alguien al otro lado?
Sin voluntad de cantar victoria, ni de repique de campanas, parece que, por fin, alguien se da cuenta de que existimos… Sí, sí, los de la moto, los moteros, los motoristas, los del casco, esas hormigas atómicas que serpentean entre los coches mientras los usuarios de las cuatro ruedas pierden la paciencia en medio de un embotellamiento. Esa pandilla de descerebrados obsesionados en llevar una máquina con dos ruedas, con lo seguro que es un coche. Esos, sí. Esos que se juntan cada fin de semana para atiborrarse desayunando en algún restaurante que sólo conocen ellos después de haber disfrutado de unas curvitas y un paisaje. Esos chalados en sus locos cacharros.
Y no es para menos: los números cantan. El año pasado, a pesar del carnet por puntos, medidas coercitivas, punitivas y radares, fue el peor en lo que respecta a cifras de siniestralidad dentro del primer trimestre del año: nada más y nada menos que 76 muertos en moto, que no distan mucho de los 69 que llevamos en este. Cifras que son de difícil valoración cuando pensamos que si bien el año pasado el parque de motocicletas aumentó considerablemente (con lo que es lógico que aumenten también los accidentes), en lo que llevamos de 2008, la tendencia al alza en las ventas de dosruedas vivida en los útimos años, se ha visto reducida en este trimestre en nada desdeñable veinte por ciento. En definitiva, que sigue muriendo demasiada gente. Decía mi abuelo que lo que siembras a los veinte, lo recoges a los cuarenta.
Y es verdad: la distancia temporal que separa la siembra y la recogida de frutos siempre se hace larga, pero tarde o temprano llega la cosecha. Y parece que, por fin, es hora de empezar a recolectar lo que tanto tiempo hemos estado abonando con manifestaciones en algunas ciudades. Aunque nuestra voz se haya oído poco (porque no nos vamos a engañar: en el denostado mundo del periodismo español se da mas notoriedad a la noticia del aumento de pechos de Yola Berrocal, que a una manifestación multitudinaria de motos en Madrid y Barcelona), parece que al final no ha quedado mas remedio que no mirar a otro lado y encararse con el problema.
Al menos eso es lo que se deduce del debate de investidura de ZP, en donde él mismo anunció la instalación de vallas seguras para los motoristas en todas las carreteras… Bueno, presi, le cogemos la palabra, ¿eh? A ver si el año que viene podemos celebrarlo. A ver, que ya sé que no es para tirar cohetes, y que las palabras se las lleva el viento y todo eso, pero… ¿a que da buen rollito que sientas por primera vez que alguien, a pesar de tener las cejas como un guardarraíl, tenga la dignidad y el valor de hablar de tu colectivo delante de toda España? Qué quieren que les diga… Llámenme blandengue, pero a mí me saltó una lagrimita cuando anunció su intención de promover, además de lo de los guardarraíles, la atención a las víctimas de tráfico, con la ampliación de funciones para ofrecer servicios integrales.
Vamos por buen camino, parece. Ahora sólo falta que ZP se tire de la moto del todo (perdónenme la metáfora desafortunada) y anuncie la eliminación paulatina de la infinidad de puntos negros que inundan nuestras carreteras. Ya estamos a un paso. Ahora interesa no bajar la guardia. No vale relajarse. Esperemos que dentro de un año podamos hablar de la disminución de muertes en las carreteras y de la mejora sustancial de nuestra red viaria.
Ahí estaremos nosotros para celebrarlo, y levantar el pulgar con complicidad a la Administración. Pero antes nos abrazaremos entre nosotros con nuestra moto incluida, y nos lo agradeceremos a nosotros mismos y a las Asociaciones de motoristas, moteros y mutuas que han sabido cohesionarnos a todos. ¡”Namás” faltaría! Que nos lo merecemos… Aplaudámonos, que ya toca.
Sumario n. 85