Existimos
No sé si habéis reparado en que estamos viviendo la noticia más importante de la historia de la moto en España. No me refiero a la posibilidad de ganar un mundial de MotoGP ni a la progresiva transformación de los guardarraíles asesinos en guardarraíles “sólo” muy peligrosos. Hablo de que, por primera vez, somos alguien. La sociedad ha empezado por fin a concienciarse de que, en lugar de decir “en la moto la carrocería eres tú” y considerarnos chalados, hay que reconocer a alguien diferente. Las comparaciones os van a sonar un poco extrañas, pero los esquemas son muy parecidos: empezamos a ser un colectivo reconocido, como el de los gays o el de los inmigrantes. Todos nosotros somos elementos diferentes y marginales habitualmente mirados con desprecio o, lo que es peor, con miedo. La clave de la convivencia es el respeto. Esto es aplicable a las relaciones laborales, a las de pareja o, entre otras muchas más, a las que se establecen entre usuarios de una misma vía. En este último caso, el respeto suele brillar por su ausencia: los energúmenos que matarían por meter el morro del coche antes que el vecino resultan ser, cuando se convierten en peatones, personas educadas que ceden el paso antes de cruzar el dintel de una puerta. Pues bien: lentísima pero firmemente, empezamos a conseguir el reconocimiento de la inmensa mayoría, de la gente que sólo se mueve sobre cuatro ruedas o sobre dos piernas. El mérito es nuestro, de quienes han decidido dejar de temernos y de odiarnos, y, sobre todo y muy destacadamente, de dos decisiones de tráfico. La primera, permitir conducir motos de hasta 125 centímetros cúbicos con el carné de coche y tres años de experiencia, lo que ha generado conductores “híbridos” que ahora entienden a quienes estamos al otro lado porque también forman parte de él. La segunda, empezar a luchar para que no nos matemos con los muy potentes medios que hay a su alcance. El otro día me llevé una alegría al leer en un panel de autopista un cartel luminoso que rezaba “respete a los motoristas”. Me sentí alguien. Ojalá sigamos siéndolo o, incluso, ganemos más terreno. Estamos pasando de ser una especie de delincuentes melenudos (por culpa, sobre todo, del cine) a convertirnos en una especie protegida. Ahora, la culpa ya no es siempre del macarra de la moto sino, en buena parte de las ocasiones, del que realmente la tiene, viaje sobre dos o sobre cuatro ruedas, viaje libre o enlatado. Por cierto, que ya sabéis lo que dicen los números: que en siete de cada diez choques entre moto y coche la culpa la tiene este último. Pero los seguros nos salen muy caros porque, por un acuerdo entre compañías, cada una suele pagar los de su asegurado aunque este sea inocente…y los gastos médicos pueden ser elevadísimos en nuestro caso. El mensaje que quiero transmitiros es el de que vamos avanzando, aunque, como en la canción, el camino es largo y tortuoso. El ministro del Interior y jefe del director general de Tráfico, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha dicho que una parte de los accidentes se debe a que muchas veces los conductores de automóviles olvidan que nosotros también circulamos. Pero, si os parece, de eso hablaremos el mes que viene.




