Pere Navarro ¡Ora pro Nobis!
Categories: Opinión
Written By: Redaccion
A mi, que quede claro, no me parece mal que los amigos de BKS vendan cascos con motivos budistas. Su trabajo es ese: vender cascos, y si creen que puede ayudarle a ello dicha propueata pues estupendo. Seguro que encontrarán su público y, al fin y al cabo, están vendiendo un elemento de seguridad beneficioso para todos. Al final, me da igual que el casco sea budista o adventista del séptimo día… mientras se use. Insisto: ellos hacen su trabajo; intentan vender cascos de una manera original y con este en concreto, además, transmitir una imagen diferente y simpática de lo que significa ir en moto.
Tampoco tengo nada que objetar al interés de los monjes budistas por la realidad y circunstancia motera. Tengo que confesar, eso si, que se me hace raro verles hablando de motos. No les suponía yo, a priori, tanta experiencia en el tema, que tampoco es que me cruce cada día por la ciudad con docenas de monjes motorizados con sus túnicas azafrán al viento… rollo “Hell Monks”…
Pero, bueno, ahí está el Padre Mundina hablando de flores ¿no? Y nos parece lo más natural del mundo. O el Padre Apeles hablando de mamarrachadas… y vale, ya se que no es lo mismo…
A los monjes budistas se les ofrece participar en un proyecto que, en última instancia, puede servir para salvar alguna vida y, lógicamente, asienten. De paso -que no sólo de mantras vive el monje- se ganan un dinerito que tampoco viene mal para el sostén económico de la comunidad. Lo cual también es perfectamente lícito y comprensible. Antes hicieron un disco rollo “chill-out” con sus cantos, con notable éxito, por cierto. También las carmelitas venden yemas de Santa Teresa y con los licores digestivos -eufemismo de “con más grado alcohólico que el tequila clandestino”- nacidos en monasterios diversos podríamos llenar con garantías el mueble bar de Ernesto de Hannover. Resumiendo, que en esto de vender las religiones -las que sean- tienen experiencia contrastada desde los tiempos de las bulas y demás.
Lo que ya no entiendo tan bien es que demonios (¿La expresión “demonios” es acertada dadas las circunstancias?) pinta la DGT en todo este paripé. Porque, seamos sinceros, me pregunto si hubiera aparecido por ahí Don Pere Navarro si en vez de tratarse de un casco con motivos budistas hubiera sido uno con la venerable imagen de Santa Gemma Galgani… que digo yo que ambos deben ser igual de efectivos a la hora de prevenir los accidentes. (Aunque todo el mundo sabe que la experiencia de verdad en estos temas la tiene San Cristobal. ¡Qué poco respeto por las jerarquías celestiales! Toda la eternidad currándose lo de “Patrón de los Conductores” y se olvidan de él a la hora de pintar un casco).
Vale, de acuerdo, ahora el budismo mola y el cristianismo es carca. A ver… si yo soy más ateo que Lenin… si a mi me da lo mismo… pero es que estamos hablando de un organismo público.
¿No quedamos en que se trataba de trabajar por un estado verdaderamente laico?
¿No quedamos que había que poner la X en la casilla de “asuntos sociales?
¿No quedamos que la religión, la que fuera, era algo estrictamente privado?
¿Se considera un acto privado conducir una moto? ¿Entonces que hace ahí un representante del Estado?
¿Es este el nuevo e imaginatico plan de Seguridad Vial de Pere Navarro: encomendarse a todos los santos?
¿Regalarán a partir de ahora una estampita de San Pascual Bailón con cada multa?
Y la más importante: ¿es Pere Navarro el anticristo?
De todos modos, que vayan con cuidado los amigos budistas: ver al Director General de Tráfico con cara de místico es la manera más rápida, absoluta e infalible de perder la fe. La que sea.
