Reflexiones conformistas
REFLEXIÓN 1
Francamente… ¿Ustedes han notado algo en los últimos días después del endurecimiento de las sanciones por conducción temeraria que nos tiene preparada la DGT? Porque yo no, la verdad. Bueno sí, algo sí he notado: que las empresas que se dedican a la venta y distribución de localizadores de radares GPS están haciendo el agosto. Y por fiestas de Navidad y Reyes, más. Y que no les quito méritos ¿eh? Enhorabuena, que ya lo decíamos en estas mismas líneas hace un año: a río revuelto, ganancia de pescadores.
Y que me parece un instrumento estupendo como avisador si te estás pasando en exceso de lo que -acertadamente o no, según la opinión de cada unomarca escrupulosamente el código de circulación. Pasarse sólo un poquito puede suponer perder lo que nos costaría una cena de Fin de Año en algún restaurante, con bolsas de cotillón incluida.-Menú individual ¿eh? Que ojo a cuánto se ponen las gambas en Navidad. ¡Y congeladas!
Pero lo que decíamos: que yo tampoco he notado un bajón espectacular en el nivel de locura de algunos conductores. Y a pesar de que me caigan encima todas las pestes de los conductores de automóviles, diré sin tapujos que donde he visto más civismo ha sido en los conductores de motos.
Y les aseguro que yo me paso muuuuchas horas en la carretera, sea nacional, sea autopista de peaje. Me harto de ver grupos de motos en el carril derecho a buen paso -si, si… ¡Y sin pasar de 120!- y retahílas de coches en el carril izquierdo a velocidades que supondrían un buen rapapolvo de los agentes de la autoridad, así como la perdida de los puntitos correspondientes o, incluso en numerosas ocasiones, el paso directo a la trena.
Y da igual lo que sea, coche, furgoneta o camión. Es lo que tiene ser un medio de transporte también laboral. Tenemos prisa por no llegar tarde, y eso se nota. ¡Qué le vamos a hacer!
REFLEXIÓN 2
Alucino pepinillos -siento este ramalazo de los años 80- al ver la sentencia que ha sido aplicada a un conductor que conducía sin carné (por que no tenía), ni seguro, ni dignidad a 186 km/h por una autovía: 700 y pico euros de multa y 20 días de servicio a la comunidad. Y “pa casa” que aquí no ha pasado nada… Claro, claro…
Pues a mí me parece injusto, la verdad. Si este mismo señor hubiera tenido el mágico cartoncito rosa se hubiera llevado una sentencia mucho peor. Meses de retirada, unos 600€ y el recorte de los puntitos correspondiente. Y la posibilidad de que la sentencia pasara por un juzgado de lo penal, en donde podría transformarse en una sentencia ejemplar por la decisión del juez de turno.
El mazazo de la justicia caería inexorablemente en la cabezota del interfecto. Pero las cosas son así… ¡Qué le vamos a hacer!
REFLEXIÓN 3
Primeras semanas de la experiencia personal de conducir a 80 km/h en los accesos a una gran ciudad como es Barcelona. Unos veintitantos kilómetros pasito a pasito. Bueno. Al margen de la veracidad o no del argumento de la disminución real de los índices de contaminación -que ya se verá- la cosa tampoco es tan grave.
La diferencia entre la velocidad anterior (100 km/h en la B-23) y la actual supone un retraso de unos tres minutos y un ligerísimo descenso del consumo. Eso está bien. Supongo que nos acostumbraremos… ¡Qué le vamos a hacer!
Y ÚLTIMA REFLEXIÓN
Me río nerviosamente y sin razón viendo el comentario de una periodista en las noticias cuando relata el accidente de una motocicleta en Galicia, con la consiguiente pérdida de vidas humanas: “el motivo fue sin duda la alta velocidad”.
Y eso lo decía mientras mostraban el cuerpo tapado por ese alegre papel que parece celofán dorado y que envuelve los cuerpos en la carretera, a modo de macabra mortaja navideña, al lado de UN GUARDARRAÍLES.
Alguien debería explicarle a esta periodista que es igual que mantengas una velocidad legal. Si te caes en un guardarraíl, palmas. Aunque vayas a 50 por hora. Así de crudo. En fin… Las noticias van así… ¡Qué le vamos a hacer!
Sumario n. 85